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En Memoria de Moran Haylock

En Memoria de Moran Haylock

Por: Freddy Miranda

Moran Haylock, tenía casi dos metros de estatura, ojos azules, tez bronce, que escondía una piel blanca, proveniente de los piratas ingleses que bailaban en la sopa de sus genes, cocinada a fuego a lento bajos los inclementes soles del Caribe en la isla de Guanaja y en Katainasta, la última morada de sus pesados huesos. Manos como para atrapar ballenas, enormes y salvajes, pero tiernas a la hora del amor según se ufanaba él mismo cuando relataba la larga lista de sus conquistas.  Era una fuerza de la naturaleza, con un vozarrón enérgico como los vientos duros del mistral que llegan desde sotavento.

Esa enormidad de hombre, si te lo hubieses encontrado en una playa del Caribe o en un parque de Tegucigalpa, lo habrías confundido con un turista europeo en busca de sol y aventuras en el trópico. ¡Pero no! Él era un indígena Miskito profundamente orgulloso de su gente y de su idioma, dirigente comprometido de  Mosquitia Asla Takanka (MASTA) la organización de los indígenas Miskitos de  Honduras.

Su familia llegó de Guanaja en las Islas de la Bahía, a Katainasta cuando aquello no era más que la delgada línea verde de manglares que separa la laguna de Karataska del mar Caribe en la costa hondureña. Montaron una empresa pesquera y dinamizaron la economía de la zona. Katainasta creció hasta llegar a los 15 mil habitantes y se transformó el 14 de agosto de 2012 en el primer territorio titulado por el gobierno de Honduras a favor de los indígenas Miskitos, iniciando con ello el cumplimiento, 123 años después, del tratado Cruz –Wyke mediante el cual Su Majestad Victoria (By The Grace of God) entregó  las Islas de la Bahía y el Protectorado Británico de la Moskitia a la soberanía de Honduras bajó la condición de respetar la titularidad territorial de los pueblos autóctonos que habitaban esos territorios.

Moran era diestro en tres idiomas, el inglés; el castellano y el que consideraba definidor de su cultura, el miskito en el que era un hábil espadachín de la palabra, mejor que muchos Miskitos 100% autóctonos. El suyo era un ejemplo claro que uno es lo que decida ser, más allá del color de su piel y las apariencias, era un indígena legítimo.

Como era respetado y querido en la Moskitia, en 1986 el expresidente liberal José Azcona del Hoyo buscó su apoyo y lo nombró al frente de la Dirección General de Pesca, por lo que se trasladó a Tegucigalpa. Duró tres días en el puesto. Para sostener su corpachón eran necesarios unos pies de siete leguas y Moran era feliz descalzo o en chancletas. Cuando estas pescando en altamar no necesitas zapatos y en la playa tampoco. Pero la alta investidura de su cargo lo obligaba a usar zapatos. Los resistió tres días, los puso sobre el escritorio y regresó a su Caribe ruidoso y lleno de tempestades a cabalgar sobre sus olas y a pescar langostas y peces enormes como el tamaño de sus sueños de una Moskitia al servicio de sus pueblos indígenas; y no olvidada por los lejanos y corruptos gobiernos de Tegucigalpa.

La última vez que lo vi fue en junio cuando visité Puerto Lempira con un representante de la cooperación danesa, que lo escuchó hablar en su forma estridente, moviendo su corpachón al ritmo de sus palabras. Como buen danés, no le gusto Moran y su forma exuberante de hablar. Lo caracterizó con un refrán: “Los baldes vacíos suenan más”.

Pero Morán no era un balde vació, es el problema de caracterizar a una persona por una conversación de media hora y con otros Miskitos. Era una persona extraordinariamente inteligente, absolutamente seguro de lo que le gustaba en la vida y de lo que para él significaba la felicidad.

En el 2013 en una reunión con MASTA para decidir sobre si daban el consentimiento para la exploración de gas y petróleo, en la Moskitia, por parte de la empresa británica BG. Moran les dijo a sus compañeros que él no estaba de acuerdo porque México y Venezuela estaban llenos de petróleo y sus sociedades estaban hechas mierda. “Si se encuentra petróleo y gas la Moskitia se va llenar de infraestructuras y van llegar gentes de todo lado en primer lugar las putas, que siempre huelen los dólares desde la distancia y los Miskitos vamos a ser una minoría en las tierras de nuestros ancestros”.

Con tres infartos a cuestas, producto de muchos años de fumado, se había entregado con pasión al consumo de medusas porque eran la octava maravilla y curaban todo, hasta la impotencia. Hace dos meses estaba pescando en altamar y después de una comilona de mariscos le sobrevino otro infarto, mientras descansaba en su infaltable hamaca en un cayo de arenas blancas y un cielo infinito. Murió en cubierta de regreso a la Moskitia con su corpachón tendido al sol. Su funeral fue alegre, llenó de miles de anécdotas de sus aventuras marineras y como luchador por los derechos indígenas. Cuando se ha vivido bien y con profunda alegría, la muerte es como un premio mayor, el de la absoluta levedad del ser.

Se encuentra sepultado a unos metros del mar en Kaukira. Siendo como fue es seguro que ya debe haber hecho un trato con los caracoles y los cangrejos para que poco a poco trasladen las partes de su cuerpo al mar, a las aguas profundas, para poder nadar despojado del peso humano, entre las medusas; las langostas; las cigalas y los hipocampos.